jueves 28 de agosto de 2008

El día que te ame más que nunca

Lejanas e inalcanzables estaban aquellas horas que tanto añoraba. Quería estrechar entre mis brazos aquellos sublimes momentos que parecían nunca llegar y simplemente eran un mero recuerdo de una película que parecía haber visto muchísimos años atrás.

Fiestas patrias, sentado frente al monitor y en mi ventana veía pasar (casi como Candy) un feriado largo, que para mi no existía.

Mientras tú amigo lector (con el cual he sido un poquitito ingrato últimamente), cheleabas, roneabas o te encontrabas montando las líneas divisorias de carril de una carretera, yo chambeaba, es decir me partía el lomo para ganarme esos pesitos que me dieran un poco de esa tranquilidad que me permite compartir estos íntimos y a la vez públicos momentos.

Afortunadamente aquellos días festivos, donde la mayoría de los peruanos celebraban y yo trabajaba, me encontraba acompañado de aquella persona tan especial que es mi enamorada, mi amiga y la cómplice activa de cada uno de mis proyectos.

Fueron días que duraron hasta las 4 o 5 de la mañana del día siguiente y subsiguiente, en los que mi enamorada ya quería aniquilarme y el cansancio se encargaba de matar las neuronas de mi cerebro, que hasta ese entonces se jactaban de haber salido vivas de otras tantas amanecidas laborales a las que ya las tengo acostumbradas.

Mi enamorada y yo acabamos el trabajo que tenía que presentar el día 30 de julio, el 28 como a medio día y definitivamente no hubiera logrado acabar ese día si no hubiera sido por toda la ayuda que me brindo mi cómplice. Nos merecíamos un poco de descanso y un buen almuerzo.

Después del engreimiento brindado a nuestros levemente rollizos abdómenes (como ya he dicho amo a mi wata y mis costumbres, más que a las mancuernas del cuerno), cortesía de pollito a la grasa, sugerí a mi enamorada pasar por la casa de aquel gran amigo que aprecio tanto y que me hace reír tan efusivamente siempre: Giomar, alias: “Yo no tengo Blog”.

Llegamos a casa de Giomar como a las 4 de la tarde y lo encontramos sentado en el mueble de su sala en esa postura contorsionista en la que suele acomodarse, es decir, con las piernas subidas en uno de los brazos del mueble, su cabeza apoyada en el otro y con el poto bien asentado en el asiento, mirando atentamente la tele y apretando tranquila, pero coordinadamente los botones del mando del video juego que se encontraba jugando. Así se suele conversar en casa de Giomar. Tu lo miras, le hablas, el mira la tele, te responde cada cierto rato, haciendo breves pausas para fumar un par de pitadas de su cigarro.

La conversación que tuvimos mi enamorada, Giomar y yo fue, como siempre, para ponernos al día de nuestro grupo de amigos. ¿Cómo esta Erick? ¿Cómo esta Marky? “Santiago Its so hot right now” y lo de siempre, pero todo estaba apunto de cambiar.

Tantas veces he insistido en mi vida, he puesto tanto empeño en integrar un amor y un placer en un solo momento y Dios me regalo ese momento tan glorioso estas fiestas patrias, es como si hubiera sido navidad para mi.

Mi enamorada siempre ha detestado los video juegos. Cada vez que llegaba a mi casa y me encontraba jugando HalfLife, FIFA, Need for Speed, ella jugaba su propio juego, que consistía en dos etapas: Decirme ¿a que hora terminas?, luego con risas malévolas: “Ya te van a matar seguro”, continuando con su cara de fastidio reflejada en mi monitor y para cerrar con broche de oro se teletransportaba a mi cuarto, donde se echaba en mi cama a ver cualquier cosa que la televisión ofreciera.

Como soy un buen enamorado o mejor dicho, detesto discutir, terminaba apagando mi computadora y la llenaba de besos para que se fuera la cólera de su ser, tratando de mitigar el aburrimiento y por ende el fastidio que le causaba llegar a mi casa y encontrarme jugando con la pc.

Volvamos a aquel maravilloso 28 de julio, mi navidad particular.

Y los ángeles cantaron en el cielo, pensé y lo sigo pensando. Ella, Giomar, el play y yo pasando un buen rato. Mi enamorada jugó playstation.

Lo sorprendente de aquel día fue que hasta ella pedía jugar determinadas juegos y más alucinante aún fue que hasta reía y quería ganar…¡Quería ganar!. Estaba super interesada, hasta se animo a aprender a jugar Guitar Hero (uno de mis juegos favoritos, ya que en el puedo expresar toda esa frustración de querer tocar en un grupo de rock y no poder, porque no se tocar ni el timbre de mi casa con ritmo) usando la guitarra de plástico del juego, que emula una guitarra eléctrica.

Ese día la miraba jugar y disfrutar que pensé en que había concretado el sueño de tantos hombres en el mundo, pero es ahora que entiendo algo en lo que he fallado y que creo muchos fallamos: Nos negamos a experimentar cosas que consideramos aburridas sin pensar en nuestras parejas, privándolas de hacer cosas que les gustan, porque a nosotros no nos gustan o porque pensamos que no nos gustan, sin pensar que el amor es realmente compartir (no solo en teoría) y adentrarnos un poco en el mundo y gustos de quien nos acompaña. (Sé que sono cursi, pero dentro de este insecto, tambien late un corazón viscoso)

Gracias por ese rato tan bonito que pasamos juntos amor, gracias por tu esfuerzo, gracias Playstation por existir y sobre todo ¡GRACIAS DIOS POR HACER QUE POR FIN SE MEZCLE EN MI VIDA y EL VICIO DEL VIDEO JUEGO CON MI ENAMORADA!

GUITAR HERO, I WANNA ROCK!



¿Una jugadita?



1 comentarios:

sybilla dijo...

A veces nosotras las señoritas enamoradas aprendemos a jugar play o lo que sea por para mas tiempo con el susodicho, yo aprendi a jugar half life es mas le gane a todo el grupo de amigos de mi ex, need for speed? love it! y una lista mas de juegos que me encantan que aprendi para pasar mas tiempo con el ex cuando era actual. Yo lo hice porque a parte queria aprender para saber porque se enviciaban y ahora juego con mis sobrinos y despues de unos 4 años de practica soy un AS! asi que cuando quieras te gano! jaja